Stuart Little 4, perdido en la gran manzana
Sin duda hay cosas que el destino hace que sean realmente increíbles. Sin comerlo, ni beberlo se plantan en tu vida y no sabes como han pasado, pero… ahí están, para que te acuerdes de ello toda la vida.
En los últimos 4 meses he perdido a 4 conocidos, entre ellos mi padre y mi tío, en cuestión de nada, el sábado pasado el último. Además a otro que, aunque no tenía relación con él también murió. Sin duda, el número 4 me ha perseguido durante los últimos tiempos. Es el cuarto año que corro con corredors.cat, que os conozco a casi todos los que están en el mundo del running. Además, el destino a querido que esta maratón sea la que he obtenido el cuarto mejor tiempo y además por debajo de 4 horas. El dorsal de la maratón, era el 4204, y el puesto en el que he quedado al final ha sido el cuarto. Además si mis cálculos no me fallan adelanté a 4 personas en carrera.
Llegué a la maratón sin ganas de correr. La muerte de mi padre me dejó muy afectado, pero además, una semana antes de la maratón también murió mi tío y esto acabó por minar mi moral. Sin ganas de competir, decidí ir a correr, por sensaciones. Llegaba bien de piernas, llegaba motivado, hasta lo sucedido. Tenía ganas de demostrar que soy capaz de hacer una buena maratón. Sabía que podría hacer marca, porque me preparé para ello, pero al final, las circunstancias tiraron por la borda todo el trabajo hecho. No busco excusas, no recrimino nada, pero las cosas son así, nosotros no decidimos nuestro destino, es el azar, y contra eso no se puede hacer nada.
Llegada la hora de la maratón, decidí salir atrás, era muy difícil, 14 personas en una maratón te dejan muy cerca de la salida. Salí tranquilo, creo que empecé sobre el puesto número 10 o así. Despacio, por sensaciones, tranquilo, sin prisas, pero sin pausas. Rápidamente noté en la zapatilla izquierda que algo no iba bien, notaba la plantilla mal puesta, no se, una sensación muy extraña. Pensé en parar un par de veces para ponerlo bien, pero poco a poco fue desapareciendo esa sensación extraña y se puso todo en orden. Cuando llevaba unas 12 vueltas decidí ir al lavabo, a cambiar el agua al canario. Al volver a la pista me despisté un poco y sin querer pisé el bordillo que hay entre el césped y la pista y me torcí el tobillo derecho. Desde aquí y hasta la vuelta número 50 pensé en retirarme 40 veces. El frío que tenía, la sensación de agobio, el viento insoportable, la soledad de la noche, los recuerdos pasados días atrás… Era todo muy extraño, solo el apoyo incondicional de los pocos que estaban a esas horas en las pistas daban algo de fuerzas para seguir corriendo. Dije que me avisaran al pasar por la vuelta 52 para intentar dar un cambio de ritmo, sabría que podría hacerlo, puesto que lo llevaba en las piernas. Así que en la 50 hice un brutal cambio de ritmo, pasé de ir a 5’15’’ a 4’30’’ de media, que mantuve hasta la vuelta más o menos 70 donde fui al lavabo de nuevo y aquí dejé de demostrarme a mí mismo que era capaz de ello. Sabía que podría aguantar más rato, pero… la cabeza empezó a minarme la moral. Empecé a recordar cosas, a agobiarme cada vez más y más. Correr solo, en la oscuridad, dando vueltas a unas pistas de atletismo, en ese momento no estaba hecho para mí. Demasiado le estaba pidiendo a mi sensible cabeza.
Mientras tanto me informaban que había bastantes abandonos en carrera, acabamos solo 9. Me imaginé que no era yo solo quien estaba pasándolo mal. Sabía que todos por una cosa u otra estábamos sufriendo. Así que me dijeron que estaba en la cuarta posición. No me lo podía creer, el cuarto en una maratón. Está claro que no había mucha gente, pero no me esperaba esa posición ni en broma. Quedaban unas 20 vueltas y pregunté por el quinto, para saber si estaba cerca o lejos, mi intención era andar un poco, poder descansar, poder dejar de sufrir aunque solo fuesen dos o tres vueltas, pero al quinto y al sexto los llevaba enganchados detrás, solo 300 metros por detrás. No quería perder ese puesto, sino acabaría sexto y la verdad, tanto sufrimiento para al final perder dos posiciones de golpe. Como tenía piernas para ello, volví a incrementar el ritmo para poder sacarles algo de ventaja y así ir con tranquilidad en los últimos metros. De nuevo un buen ritmo, para eso lo había entrenado, y poco a poco fui cogiendo metros, hasta que los pasé en una ocasión, poder incluso a doblarlos de nuevo, pero no quise ser malo y me conformé con quedarme detrás de ellos a sabiendas que les sacaba casi 800 metros. Las últimas 15 vueltas fueron muy duras, con ganas de caminar un poco. No podía porque me quitarían esos metros, se hicieron eternas. Los allí presentes no paraban de cantar las vueltas que nos quedaban, 14, 13, 12, 11, 10, 9, 8, 7, 6, 5, 4, 3, que duro se hace cuando llevas 102 vueltas, a 5 grados y con un viento helado de mil demonios. La sensación térmica era de -2 grados. Ya, aquí, empiezas a darle vueltas a todo. En los últimos minutos, te acuerdas porqué estás ahí. Nos gusta correr, nos encanta disfrutar de esos momentos con los amigos/as, con la gente que vive esto como tú, somos enfermos del running. Te acuerdas de Filípides, el soldado que corrió de Maratón a Atenas para comunicar el fin de la guerra. Te acuerdas de la familia. Te acuerdas de los amigos/as que no les gusta el running, pero que te apoyan. Pero sobre todo, te acuerdas de las personas que se han tenido que marchar, los que nos han dejado. A todos/as ellos/as, gracias por hacerme así, vosotros tenéis mucho que ver en como soy. Sois las personas que habéis hecho de mí, lo que veis.
En especial, quiero dar las gracias a mi padre. El nos dejó enseñándome que hay que trabajar duro en esta vida para poder salir a delante. Puedo decir, que no tengo nada que reprocharle, al contrario, cuando ha tenido que regañarme, a sido porque me lo he merecido, a sido… para enseñarme que las cosas se han de hacer bien. Podríamos englobarlo así, “haz el bien y no mires por quien”.
Faltan 2 vueltas y te siguen animando, gracias chicos.
Falta 1 vuelta, y suena en mi MP3 “Nein-Andrea Berg” producido por Dieter Bohlen, una de las canciones que me han acompañado en los últimos meses para mis entrenos en solitario.
Final, 42195 metros en 3h43’10’’, cuarto puesto, de otra maratón al saco, ya van 8.
09/10/11 En memoria de Bernardo Becerra Velasco
Seguramente no era el mejor padre del mundo. Él tenía sus manías, era testarudo y no se dejaba ayudar, pero era mi padre. Te quería a su manera, nunca hizo mal a nadie. Se portaba bien con todo el mundo. Simplemente quería vivir a su aire.
Siempre estaba haciendo cosas, cuando no estaba trabajando en su trabajo, se buscaba algo para hacer, ya fuese ayudar a alguien ha reparar algo, o ya fuese en casa, siempre recuerdo que tenía muchas herramientas y siempre estaban viejas de haberles dado un gran uso. Solo se me vienen a la cabeza aquellos momentos en los que nos íbamos a Manresa, a casa de su hermano, a coger el maíz, a la matanza de los animales, a plantar patatas, a construir un granero, a segar la alfalfa para los animales, a limpiar el canal de riego que siempre estaba lleno de hierbas y arbustos. Recuerdo como nos íbamos a la montaña a coger frutos silvestres, esos días nos marcaron a todos. Con la escopeta de balines, la que se usa en las ferias, nos íbamos a disparar a la montaña, a las dianas que nosotros poníamos por allí. Si te caías, él te levantaba. Siempre nos enseño lo que estaba bien de lo que estaba mal. Junto a mi madre nos educaron de la mejor manera posible, lo hicieron lo mejor que pudieron. Siempre trabajó solo para levantarnos a todos, nosotros habíamos puesto nuestro grano de arena, pero la montaña la hizo crecer el solo. Simplemente quiero agradecer a mi padre, que allí donde esté siempre estaremos con él. El nos enseño a valorar lo que tienes, por muy poco que fuese. Si te caes, te levantas, no te quedes nunca en el suelo. Con él aprendimos los valores de la vida, además de que la familia a de ser siempre lo primero.
Papá, gracias por todo.
Al diablo con el diablo
6:05 AM, suena el despertador, me levanto y me voy al lavabo, imaginaros la escena, para no despertar a mis mujeres, me meto en el lavabo para los rituales antes de la maratón. Desayunar (En el hotel no ponían el desayuno tan temprano), ducharme para ir fresco a la carrera y pensar en la estrategia de carrera. Lo veo claro, en parciales de 10 Km. a 5', 4'50'', 4'40'' y el resto en el último tramo, pero al calzarme las zapatillas creo que no, mejor no salir a correr, pues la quemadura me roza mucho y creo que tendré que dejar la carrera a medias (no creo que pudiera soportar eso), así durante bastante rato dudo de si salir a correr, o plegar sin salir directamente. Como soy un poco cabezón, pues me aventuro a correr, si en los primeros Km. noto fuertes molestias, plego y me hago la carrera de 14, y para casa.
Al llegar a la zona de salida me cruzo con los amigos de corredors, y allí todos se preocupan por mi estado, la verdad, dudo mucho de si atar media zapatilla y la otra media no para evitar esas rozaduras, así que al final, todo.
Nos reímos, hacemos fotos, y hablamos de la estrategia, pero esto pronto se va al traste. Los centuriones romanos nos llevan a la zona de salida dando un paseo por las ruinas greco-romanas d’Empuries. Salimos y lo hacemos lentos, el camino es muy estrecho para tanta gente, pero bueno vamos como podemos, así que poco a poco nos colocamos en buena posición para encarar esta maratón. Los primeros Km. los hacemos con los del tercio, se va más o menos acompañado, pero solo es un rato, luego nos separan para unos Km. después volvernos a juntar, para ya cerca del Km. para nosotros separarnos definitivamente y encarar la primera ida y venida del día. Encaramos una gran recta que nos lleva del Km. 14,5 hasta el punto kilométrico número 20 donde está el control de paso y hasta ahí, todo lo previsto. Del Km. 1 al Km. 20 en parciales de 10 Km. en 5’00’’ y 4’53’’, pero bien, algo cargado de isquios por intentar no martirizar la quemadura, pero bueno voy bien, además este segundo parcial, aunque algo más lento es por culpa del viento, sopla algo y es molesto, total, al paso por el tiempo intermedio 1h38’39’’ más o menos por lo previsto, pero no tenía previsto encontrarme al viento. Pensaba que ya lo llevábamos en contra, pero no, al girar en el Km. 20 nos viene un fuerte golpe de viento, que me acaba de destrozar los planes, me veo obligado a bajar el ritmo de carrera en 30’’ por Km., o sea, que de querer ir a 4’40’’ he pasado a 5’11’’, pero bueno, ya intentaré incrementar el ritmo un poco más adelante, pero que va. Se hace verdaderamente insoportable correr con ese viento, pero a un así voy pasando a algunos corredores que tienen más problemas de los que yo tengo en este momento. Así hasta el Km. 30, donde a mí compañero de cursa le digo que se vaya, ya no puedo más, voy supercargado de isquios en ambas piernas y la herida me está destrozando la pierna.
Durante los 5 Km. siguientes pienso en parar y andar un poco, pero no, yo no paro, así que bajo el ritmo un poco, a 5’30’’, pero la herida me está destrozando tanto físicamente como psicológicamente, estoy a punto de llegar al tramo final, veo el giro en el Km. 35, así que apreto los dientes y realizo el giro, pero no puedo correr, la quemadura me está destrozando, durante unos minutos no se donde estoy, se que estoy corriendo, pero no me encuentro bien, empiezo a tener la vista algo nublada, no veo bien, y los brazos ya no los noto, así que los estiro un poco haber si están ahí, y sí, están, pero no los veo, así que decido volver a bajar el ritmo, a 6’08’’ de media, un auténtico tanque en este momento, no puedo dar un paso sin dejar de soltar lágrimas, cada vez que apoyo la pierna derecha contra el asfalto un alfiler se me clava en la herida, estoy desquiciado, no paro de llorar, pienso en parar, en tirarme al suelo, pero por inercia continuo corriendo, continuo sufriendo, pero ya queda menos. He llegado al 36, ¡buf! Aún quedan 6 Km., venga campeón, tú puedes me digo, pero tengo la visita de un desconocido para mí, el mismísimo Lucifer. Desde las plantas de los pies y hasta la cabeza el cuerpo experimenta una fuerte subida de temperatura, estoy, en el infierno, lo que hasta ahora era un bonito paisaje de vegetación verde y abundante se a convertido en un desolador desierto de llamas a ambos lados de mi cuerpo y solo veo fuego delante de mí. La herida me abrasa, solo quiero parar y quitarme las zapatillas, seguir corriendo descalzo, pero no puedo ni parar, creo que si me paro el diablo me llevará con él, así que sigo, y durante los siguientes 4 Km. no hago otra cosa que llorar y correr, correr realmente destrozado, hundido, desquiciado, abatido. Me pregunto, ¿por qué? ¿Por qué estoy sufriendo? Podría haberme quedado sin correr en estas condiciones, y haberlo dejado para otro día, pero no, he decido salir a correr en penosas circunstancias que al final han hecho que me plantee volver a correr una maratón.
Ya llego al Km. 40, falta menos, pero no puedo más, se que me está pasando mucha gente, oigo ánimos de algunos, pero soy incapaz de adivinar quienes son, ya no puedo más, la herida está realmente dejando echo polvo, no se si llegaré sin tener que parar aunque sea un segundo. Sigo a mi ritmo, encaro el Km. 41 por un paseo oscuro, creo que se ha hecho de noche, no se, no veo bien, las lágrimas no me dejan distinguir nada, la cabeza está a un palmo del suelo. Oigo gente que anima, gente que va unos metros contigo aplaudiendo, gritando dando ánimos, pero no puedo continuar, estoy a escasos metros de la llegada, pero mis piernas se paran, bueno no se paran, pero mi cabeza cree que sí, ya no respondo a nada, por inercia llego hasta el giro de entrada y oigo a gente gritar mi nombre, es mí familia, han venido casi todos, están aquí para animarme, para verme llegar triunfante en otra maratón, pero yo no llego triunfante, llego destrozado, veo que mi hija y su amiga entran conmigo llorando en la meta junto a mí, todos los que han venido a verme están serios, abatidos, veo alguna cara triste, se preocupan por mí, ven en el estado en el que he llegado, y todos son ánimos, pero en el fondo están tan abatidos como yo, sabían que tenía muchas ganas de correr esta maratón, pero para terminar así, creo que no. Necesito ayuda para sentarme, para quitarme las zapatillas, y veo la carnicería que ha hecho la rozadura en la quemadura, realmente lamentable. Necesito ayuda incluso hasta para respirar, me traen agua y lo primero que hago es tirármela en cima, estoy tan cansado y con tanta calor, que no puedo ni moverme, me ayudan en todo, y poco a poco me recupero.
Al cabo de unos 20’ ya estoy casi entero, de no ser por la herida, que ya veremos cuando se cura, pues la sangría a sido bastante considerable, antes era superficial, ahora es algo más profunda.
Al final un tiempo de 3h48’35’’ de autentica locura, sobre todo la segunda parte.
Ahora en frío pienso que si realmente vale la pena sufrir tanto para hacer algo que me gusta, creo que no volveré a correr ninguna maratón más, lo tengo decido, no volveré a ponerme unas zapatillas de running para correr una maratón, hasta octubre claro.
Los amigos de mis amigos son mis amigos
Se da el disparo de salida y comienza mi carrera particular, no apretar mucho, pues sino al final petaré. El ritmo lo marca mi gran amigo Krhyz, entre 4’42’’ y 4’45’’ el kilómetro. Nos acercamos al kilómetro 2 y llega haciendo un gran sprint mi otro amigo Rubens. Me dicen que no diga nada, que me calle, que tengo que reservar fuerzas para el último tramo, el más duro, así que me limito a escuchar música con mi mp3 y a disfrutar de la carrera. Vamos haciendo, sin apretar y sin aflojar los kilómetros caen uno a uno hasta que llegamos a la costa, nos acercamos tanto al mar que por un error nos metemos en la arena, alguien se ha equivocado de camino y nos llevan por la arena de la playa durante unos 200 metros, cosa que se hace muy pesada para los pies. De vuelta al asfalto hay mucha gente de la carrera del 10000 que se sube por las aceras para recortar algo de metros y de tiempo, pero a mí eso me da igual, yo tengo algo más importante en lo que pensar. De camino al canal olímpico vemos la gran recta que tendremos que hacer al final de todo. En el punto kilométrico 10 se quedan prácticamente todos los corredores, incluido el amigo Rubens, y ya nos quedamos solos, le comento a Krhyz que tengo que ir al lavabo, (esto de beber tanto antes pasa factura) así que al paso por el kilómetro 12 más o menos nos encontramos con los lavabos de la organización dentro del canal y paro hacer un río. Con un minuto perdido proseguimos de camino al paseo marítimo, que creo que se nos hará corto, pues lo he visto muchas veces, impresiona, pero no mata.
Ya en el paseo vamos haciendo los kilómetros sin problemas, con el tiempo establecido y sin dejar de estar sonrientes y animados nos acercamos hasta la parte más lejana del circuito, Port Ginesta, ahí damos la vuelta y nos encontramos con el primer problema, no hace mucho viento, pero el que hay es molesto y mi amigo me dice que me pegue a su espalda, el hará de para viento, que detalle tan grande. Aunque algo más lentos seguimos haciendo kilómetros sin parar de sonreír a todos/as los amigos de corredors.cat que nos van apoyando, y en el segundo giro de vuelta hacia el puerto nos encontramos con el segundo problema, el amigo Krhyz se resiente de unas pequeñas molestias en la rodilla, me pide que me ponga yo a tirar de los dos y así lo hago, hasta el kilómetro 30, donde él ya para porque no puede más. Voy a un ritmo algo más lento, pues el viento en la primera vuelta, el que me encuentro en la segunda y este contratiempo me hace dudar, pero sigo sin problemas hasta el kilómetro 33 donde mi isquisiotibial de la pierna izquierda me recuerda que ya está cansado de tanto correr, así que me vuelven las dudas, ¿no será que he salido muy rápido?, aflojo un poco, pero esa no era la idea, la idea era ir incrementado poco a poco.
Del kilómetro 33 hasta el 37 me acuerdo de casi todo el mundo, la pierna vuelve a darme varios pinchazos, en concreto son 4 que me hacen de nuevo pensar si sería mejor para o seguir. Recuerdo las carreras con los amigos, los entrenos, a mi familia, los amigos que están esperando que llegue a meta para felicitarme, pero no puedo, me duele la pierna y creo que voy a caminar un poco, pero mirando el cronometro veo que voy por debajo de 3h30’, estoy dentro del tiempo, y solo quedan 5 miserables kilómetros, así que intento apretar, pero ya no tengo fuerzas, el viento en la primera y segundo vuelta me han desgastado, así que casi ya estoy listo para sufrir de nuevo. Ya casi en el 37 me encuentro con amigos de corredors.cat, y de nuevo empiezo a llorar, ver a gente que te quiere y te anima en estos momentos te hace ser feliz, pero el sufrimiento no te lo pueden quitar, se caen las lágrimas de nuevo, (segunda maratón y segunda vez que lloro) y quiero pedir que alguien me ayude, que hagan esos últimos 5 Km. por mí que yo no puedo más, pero es imposible, no tengo fuerzas para decir nada me limito a levantar la mano un poco pero no puedo con la cabeza, las lágrimas me empañan las gafas y no veo muy bien. El gran Curat se pone a mí altura y empieza a animarme, a decirme que ya está aquí, que ya lo tengo echo, ¡ánimo! me dice, no para de hablarme, de animarme, que detalle tan grande, quiero darle las gracias, pero no puedo, estoy sin fuerzas, no puedo ni hablar, entramos en la última parte, giro a derecha y último avituallamiento en el Km. 38, recoge una botella de agua y me la da, bebo un poco y encaramos el último puente, sin aflojar el ritmo subo, con algún que otro problema, pero el no deja de animarme, no para de darme ánimos, está siempre, cada segundo, cada metro que hago animando, eso me hace seguir, con problemas, pero sigo, y entramos en el canal olímpico, ahí vuelvo a llorar, hay más amigos/as de corredors.cat y no dejan de animar a todo el mundo, oigo mi nombre, y las lágrimas vuelven a caer. Se acerca la penúltima curva, para encarar la recta más larga, de mí vida, se hace eterna, pienso en para un millón de veces, pero alguien detrás de mí me anima, es Krlos, también de corredors.cat, que va haciendo fotos con su bici y no deja de animarme, gran ayuda también.
Se acerca el final, pero la recta no acaba nunca, quiero parar un poco, solo unos segundo, voy dentro del tiempo, pero no se quien viene detrás y a cuanto está de mí, así que giro un poco la cabeza y veo que está relativamente cerca, intento apretar, pero no tengo fuerzas. En la última curva quiero levantar los brazos, pero no tengo fuerzas, y vuelvo a llorar, es increíble la mentalidad con la que hay que afrontar una apuesta como esta, cierro los ojos y paso por la línea de meta, 3h28’49’’ y la segunda al saco.
Veo a mí familia, a mis amigos, están todos, y de nuevo vuelvo a llorar, he vuelto a disfrutar, sufrir, terminar, correr sin parar una nue
La Jungla 4.0
Sábado 1 de marzo de 2008, 21:30 horas…
…Aunque parezca mentira es el primer día de mi vida que me voy tan pronto a la cama. Mañana es un día muy importante y he de descansar para la gran carrera. (Bueno ahora que recuerdo ha habido un par de días que me he acostado antes, pero estaba enfermo. Aunque pensando lo bien…)
Son las 5 de la mañana y sin que suene el despertador ya me levanto, siempre pasa lo mismo, antes de la carrera cuesta dormir. Me acerco a la cocina para empezar el ritual del desayuno, de primero un buen litro de bebida isotónica con el estómago vacío para que el cuerpo lo asimile bien, un poco más tarde tostadas con queso fresco, miel y un yogurt.
Mientras espero a que mi hermano Jose me pase a buscar preparo todo lo necesario, dorsales, ropa de abrigo, la ropa de recambio, la comida de los avituallamientos, el pulsímetro, el GPS, incluso el mp3, que decido a última hora llevármelo para desconectarme del mundo por una posible pájara en el muro del kilómetro 32.
A las 6:30 horas llega y nos vamos camino a la gran ciudad, esa jungla de acero y hormigón que se despierta a nuestro encuentro.
Sobre las 7:00 horas encontramos un aparcamiento muy cerca de la zona de carrera, ahí terminamos de diseñar los avituallamientos, el orden y los alimentos en cada uno de ellos. Miramos el plano y las conexiones en metro para ajustarlos al tiempo que llevaré en la cursa. Nos acercamos al punto de encuentro, 7:30 Font Mágica, ahí ya están casi todos los correcats, como siempre los saludos de rigor. Intercambiamos información, se hacen los grupos para ir ayudándonos en carrera y en el mío nos vamos Nuski, Capderec y yo. Nuestro tiempo, bajar de 3h30m. Aunque es mi primera maratón creo que soy capaz de conseguirlo. El asfalto nos pone a cada uno en nuestro lugar.
Se acerca la hora de ir hacia la salida, nos hacemos un lío para entrar en nuestra barca, están todas muy juntas y no se distinguen bien, pero accedemos. Faltan escasos minutos para la salida, tengo muchos nervios, solo tengo en el horizonte el muro en el kilómetro 32, solo pienso en ese momento. Todos me han dicho que ahí las piernas dejan de correr, tu cuerpo experimenta un cambio muy brusco, nada se mueve, solo tu cabeza es capaz de tirar de él para delante.
8:30 comienza la carrera y echamos a andar durante unos 200 metros, hay más de 9000 corredores, la salida es algo lenta, pero comenzamos a correr. Belén (Nuski) tiene a dos amigos cerca de nosotros y decidimos ir los cinco, intercambiándonos de posición para ir tirando un rato cada uno, yo me pongo primero. Van cayendo los kilómetros uno a uno y tengo mucha fuerza, solo quiero apretar e irme, pero mi cabeza me frena, aún queda mucho.
Llegamos al kilómetro diez y ahí está mi avituallamiento, puntual como un reloj, sobre 51 minutos. Recojo todo lo que ya habíamos acordado, bebida, frutos secos y barritas energéticas. Los avituallamientos de la organización solo los uso para refrescarme la cabeza, la temperatura empieza a subir de forma considerable y quiero que esté siempre fresca para poder pensar con claridad.
Van cayendo los kilómetros y tengo que hacer una parada técnica, beber demasiado tiene ese problema, he de orinar. Rápidamente cojo al grupo y empiezo a tirar unos 5 segundos más rápido por kilómetro, me voy marchando junto con Capderec, y pasamos por la media maratón, 1h45minutos, ahí tengo el segundo avituallamiento, más bebida, un plátano y barritas energéticas. Siguen cayendo los kilómetros y me quedo solo, ahora soy yo contra el muro, por suerte llevo mi mp3 enchufado, con la música puesta me voy distrayendo sin pensar mucho en el tramo final. (Aunque es difícil no pensar yendo solo).
Estamos ya cerca de la última parte de la carrera, nos acercamos al kilómetro 30, solo ante el peligro, sobre todo que no haya pájara, todo en un tiempo de 2h28minutos. Genial, voy por debajo del tiempo establecido.
En el kilómetro 32 tengo una sensación extraña, un pequeño hormigueo en las manos y en la nariz, ¡tengo que hidratarme!, esta sensación ya la viví. Bebo el resto de líquido que tengo y lanzo la botella en una papelera, fallo, se va fuera. Si la hubiera metido, me dedico al baloncesto. Pero ni con esas me encuentro mejor, tengo un dolor en el abdomen que me incomoda, creo que no es la pájara, pero este dolor no es bueno, decido bajar un poco el ritmo, y tengo la sensación de tener que ir al lavabo urgentemente, así estoy durante un kilómetro, pero no veo ningún sitio para parar e ir al lavabo, no me encuentro bien, y quiero parar, ¡joder! Si estoy en 33, solo quedan 9, ¡ánimo, tú puedes! Me digo a mi mismo, y esa sensación remite. Me pongo algo nervioso, y me quito la música.
Paso por el kilómetro 35 con un par de minutos más de lo que me había salido hasta ahora, pero sigo por debajo del tiempo establecido y con una sensación que no se puede describir con palabras, en el Arco del Triunfo la gente nos arropa como si esa fuese la meta, noto el calor de gente a menos de un metro de mí, si abriera los brazos tocaría a ambos lados la cara de la gente. Se grita mucho, se anima, se aplaude, te felicitan…
Con el subidón de moral que llevo me empuja a terminar sin problemas, bueno eso creía yo.
En el kilómetro 36 vuelven las molestias abdominales, otra vez esa sensación de ir al lavabo, ¡si esto está echo! Me digo. Pero por un momento me planteo parar, estoy muy cansado, prácticamente agotado, me duele mucho la barriga. Creo que me voy a parar, ya no puedo más, este dolor no me deja correr a gusto, vuelvo a bajar el ritmo para ver si así desaparece, y sí, parece que remite, la idea de parar se desvanece. Encaro el 37, ya veo el final del túnel, se ha hecho duro, pero la satisfacción vendrá dentro de poco. ¡Ya me hubiera gustado!
Kilómetro 38 por tercera vez me vuelve este maldito dolor, ¿que es? Lo siento, pero voy a parar, es insoportable. Parece mentira toda la semana pensando en el muro, en el ostión del kilómetro 32, para que mis piernas no dejaran de correr, y el único problema que tengo es mi estomago. Me quedan poco más de 3 kilómetros pero tiro la toalla, me voy a para, ya no puedo más, una sensación extraña pasa por mi cabeza, yo solo quería disfrutar, y esto no es disfrutar, esto es sufrir. Yo no corro para sufrir, sino para disfrutar, así que tiro la toalla, hago el último tramo andando…
…cierro los ojos, no quiero ver en el punto donde me voy a parar, no quiero ver a nadie, solo quiero dejar de sufrir, así que cuento hasta tres y me paro, 1, 2 y…
…oigo a la gente animar a todo el mundo. ¡Venga que esto está hecho, que el final está ahí cerca! ¡Venga campeones! Abro los ojos, la gente te mira, te anima.
Estoy cerca del kilómetro 41, a escasos 100 metros. Decido seguir, aprieto los dientes, las manos, trago saliva, bueno lo intento, tengo la boca seca. Acelero el ritmo una lágrima cae de mi ojo derecho, le sigue una del ojo izquierdo, y el goteo es más fluido, me falta la respiración, me cuesta respirar, solo oigo ánimos de la gente que está a escasos 500 metros de la llegada, no se en que puesto estoy, ni me importa mucho, parece que yo sea el primero, esas lágrimas que me salen de los ojos son de dolor, de satisfacción, de alegría, de superación, no importa el tiempo, no importa la clasificación, la gente te anima como si fueses el que llega primero, ahora se lo que se siente cuando uno es un campeón.
Kilómetro 42 y último, oigo los gritos de mi mujer y mi hija, pero no puedo mirar, con las lágrimas en los ojos y con falta de aire, echo una sonrisa tímida, llego al final, esto se acaba.
En los últimos metros cierro los ojos de nuevo, recuerdo las 15 semanas de entrenamiento, dos lesiones, más de 700 kilómetros, los entrenamientos a 2 o 3 grados, a las 6:30 de la mañana después de estar toda la noche trabajando, sin apenas descansar, con hambre, sueño, cansancio, frío, con molestias….
…42195 metros al fin he llegado. 3 horas 32 minutos y 33 segundos.